viernes, 30 de diciembre de 2011

Síndrome de Down en la edad adulta

Hoy en día, las personas con el síndrome pueden realizar muchas actividades y trabajos igual que las personas que no lo tienen. Sólo tienen algunas deficiencias pero pueden ser superadas. 
De hecho, podemos ver en algunas noticias que hay personas que incluso estudian una carrera o trabajan en perfectas condiciones.
Las personas con síndrome de Down están demostrando cada vez más que son merecedores de la confianza que se está poniendo en ellos al promover su integración social plena. Su comportamiento en todo tipo de situaciones sociales (asistencia a cines, teatros y conciertos, fiestas de cumpleaños, desplazamientos en autobús y tren, etc.) suele ser más que satisfactorio, ejemplar. 


La educación de las personas con síndrome de Down está experimentando una clara evolución positiva en los últimos años, fruto de diversos factores. Los de carácter social son, entre otros, la influencia familiar, la apertura al exterior, la concienciación social y la búsqueda de normalización. Entre los pedagógicos encontramos los diversos programas educativos, de lectura, escritura, cálculo, autonomía o habilidades sociales y la integración escolar. Los psicológicos son el mayor grado de responsabilidad, la independencia, la confianza en ellos mismos y la toma de iniciativas. Los éxitos en el terreno de las habilidades sociales suelen relacionarse directamente con el número y calidad de las oportunidades que se les dan para probar sus capacidades y para ejercitarlas.


La planificación de la educación adecuada del trabajo, con los chicos y chicas con este síndrome, más pequeños se ha de sustentar, entre otros pilares, en la reflexión sobre el resultado de actuaciones previas sobre los que ahora son adultos.


Existen una serie de condiciones o requisitos de factores esenciales para que el desarrollo de la personalidad pueda ser más realizable y abierto en estas personas:


  • La conciencia de su buena imagen y atractivo personal. Ello potencia la confianza y estima de sí mismo.
  • El desarrollo de la conciencia del "otro", como ser con el que hay que compartir. Eso facilitará la pertenencia a un grupo en el que confía y dentro del cual se siente confortable y acompañado.
  • Las habilidades sociales, que han sido fomentadas y promovidas desde la niñez. Ellas favorecerán la convivencia, tanto en ambientes de ocio como de trabajo.


De esta manera vamos a contribuir a formar un adulto que ha de ser maduro, responsable y, hasta donde es posible, feliz. Es decir:

  • Capaz de sentirse bien consigo mismo.
  • Dispuesto a sentirse bien con los demás y a que los demás se sientan bien con él.
  • Capaz de enfrentarse a sucesivos retos, y a afrontar las dificultades que sobrevengan.
  • Presto a resolver y a tomar decisiones por sí mismo, solo o con ayuda cuando sea necesaria.

En definitiva, que estas personas sean capaces de asumir su propia responsabilidad.


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